La Junta Directiva de la Asociación Gorabide, en el año 1991, se dio cuenta de que en Bizkaia hacía falta una organización dedicada exclusivamente a la tutela institucional de personas con discapacidad intelectual. En aquellos momentos, Gorabide tenía un número creciente de usuarios con esta necesidad y sin familiares que pudieran aceptar su tutela, existiendo un vacío social que dejaba a estas personas indefensas.
En el comienzo, esta Asociación aportó fondos procedentes de donaciones, posibilitando así el nacimiento de la Fundación Tutelar Gorabide-Futubide. La labor solidaria que se estaba iniciando no quería ceñirse a un ámbito concreto, sino que su intención era acoger al resto de asociaciones que trabajaban y siguen trabajando en el Territorio Histórico de Bizkaia. Por ello, en la creación de Futubide, entran a formar parte de su Patronato, además de la Asociación Gorabide, las asociaciones Apnabi, Aspace y Uribe-Costa.
Para hacer frente a los gastos de la Fundación contamos con aquella primera fuente de ingresos, más las aportaciones desinteresadas que hemos ido recibiendo en todos estos años. Hay que resaltar la importancia de los legados y donaciones, fundamentales para nuestro crecimiento como para cualquier otra ONG. Con el objetivo de una total transparencia nos sometemos anualmente, de forma voluntaria, a una auditoría privada y a otra elaborada por la Fundación Lealtad.
Desde siempre, FutubideE asume que su misión no es sólo la prestación de un servicio personal, con unos profesionales dedicados a la administración de los bienes y a la atención de las personas tuteladas, sino que debía tener un “algo más”, convertido hoy en nuestra seña de identidad y que nos ha hecho referentes en el campo de la tutela a nivel nacional. Hablamos de los “Delegados Tutelares”, personas voluntarias que participan activamente en la misión de la Fundación mediante el establecimiento de una relación cálida y cercana con las personas incapacitadas que, de mutuo acuerdo, les sean asignadas. Pasan de no tener más referentes sociales que los trabajadores y los monitores de sus centros, a contar con personas que les introducen en sus ámbitos familiares.
En Futubide, como en la vida, no todo son alegrías; también hay tristezas. Hemos perdido en el camino a pupilos y voluntarios que nos han dejado una huella imborrable. Para todos ellos, un recuerdo y nuestro agradecimiento.
Uno de nuestros retos es hacer frente al envejecimiento de los familiares-tutores de las personas con discapacidad intelectual. Cada vez son más las familias que se acercan a la Fundación con la preocupación de qué pasará cuando ellos no estén. Sabemos que tenemos que ser capaces de dar una respuesta.
Además, se están incrementando las situaciones de quienes, si bien tienen una familia, ésta no puede asumir la responsabilidad de su tutela. Aquí también tenemos que estar presentes para darles una solución.
Futubide somos todos: los pupilos, los voluntarios, el personal de la Fundación, los miembros del Patronato y las Instituciones públicas y privadas que nos apoyan.